Description
La fiebre amarilla vaciaba puertos y mataba ejércitos, y hasta que Carlos Finlay propuso el mosquito en 1881 nadie sabía decir cómo se propagaba. Lo que los médicos podían hacer era mirar: quién enfermaba, en qué orden, con qué tiempo, cerca de qué aguas.Estas reflexiones y observaciones registran exactamente eso: una relación clínica escrita dentro de una epidemia por hombres sin una teoría a su altura. La disputa entre el contagio y el miasma recorre todo el texto, y ambos bandos se equivocan de maneras instructivas.Este es un facsímil fiel, impreso bajo demanda, de la edición de 1828, reproducido íntegramente a partir de un ejemplar de biblioteca. El texto histórico se reproduce sin modificación alguna; solo se han restablecido el formato, los márgenes y la legibilidad para la impresión moderna.







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